Otro año, otro timo: merecemos más que corrupción y directivos mudos
Ya estamos aquí otra vez. Fin de temporada europea, sabor amargo, y la misma conversación de siempre: el Atlético de Madrid ha caído eliminado de la Champions League en una eliminatoria que no debería haber perdido. No porque seamos los mejores del mundo, sino porque el rival no fue mejor que nosotros. Y lo que terminó de decidir el cruce no fue el fútbol.
Repasemos lo que pasó. Todo comienza con Gyökeres en el Metropolitano. Un penalti que en el medio campo no habría sido ni falta. Uno de esos que el árbitro pita para no complicarse la vida, para quedar bien con los grandes, para cubrirse. Ese penalti condicionó el partido en un momento en que el Atleti estaba compitiendo de tú a tú.
Al final del partido, Arteta salió al micrófono a soltar una de las declaraciones más hipócritas que se recuerdan en mucho tiempo. El "Guardiola de Hacendado" se quejó públicamente de una decisión arbitral que supuestamente cambió el curso de la eliminatoria, cuando la realidad es que no hubo ninguna acción que perjudicara al Arsenal. Ninguna. Pero ese teatro sirvió de algo: la UEFA le hizo caso. El árbitro que designado para la vuelta era alguien que ya había actuado contra el Atleti en ocasiones anteriores de forma más que cuestionable. Y en el VAR colocaron al mismo tipo que se inventó el inexistente doble toque de Julián Álvarez. No es paranoia. Es un patrón. Y es una vergüenza absoluta que un club como el Atlético de Madrid consienta estas humillaciones.
En el Emirates, dos penaltis claros sobre jugadores del Atleti se quedaron sin pitar. No son jugadas dudosas, no son interpretaciones al límite del reglamento. Son acciones que en cualquier otro partido, con cualquier otro equipo implicado, se cobran sin que el árbitro ni se lo piense. Pero no ese día, no contra el Arsenal. Empujón descarado de Calafiori a Giuliano dentro del area que no se revisa, por un supuesto fuera de juego que no existe, Giuliano arranca desde campo propio... La otra jugada es un claro pisotón a Griezmann dentro del área que tampoco se revisa... también de Calafiori que de haber visto amarilla en cada uno estaría expulsado. Eso si que es "against the rules" ¡payaso!
Ahora bien, el problema no es solo lo que pasa dentro del campo. El problema es lo que pasa fuera.
El Atlético de Madrid lleva años aguantando estos atropellos con una resignación que da vergüenza ajena. La UEFA es una organización que funciona con sus propias reglas, que reparte el dinero a los suyos y que castiga a quien osa levantar la voz. Lo sabemos. Pero también sabemos que el silencio no ha servido de nada. El club sigue recibiendo hostias arbitrales, sigue mendigando un trato justo que nunca llega. Y mientras tanto, la directiva guarda las formas y encaja. Por no perder las migajas del pastel.
Los aficionados del Atlético merecen que alguien les defienda. Que el club salga a decir lo que todos estamos pensando. Que se exija una explicación pública. Que se presente una queja formal. Que se haga algo más que un comunicado templado que no molesta a nadie.
Dicho todo esto, hay algo que sí merece reconocimiento. Simeone ha vuelto a sacar un equipo que compite contra los mejores de Europa sin complejos. Sus jugadores se dejaron la piel en los dos partidos. No fueron inferiores al Arsenal. Eso es un mérito enorme y no hay que dejarlo pasar por alto en medio del cabreo.
Pero precisamente por eso, porque este equipo tiene nivel para llegar lejos, la directiva tiene una obligación. Este grupo necesita refuerzos. Jugadores que le den más opciones a Simeone, que eleven la plantilla al nivel que la competición exige. Porque si el equipo da, si el entrenador da, pero las decisiones arbitrales van en contra, lo mínimo es que el club haga su parte.
Este grupo, los Pubill, Llorente, Oblak, Hancko, Koke, Julián, Giuliano, Barrios, Ruggeri merecen ganar títulos. Y los que llevamos años siguiendo este equipo sabemos perfectamente que las excusas se acaban.