Se ven en la final...
Seamos sinceros: es completamente normal que en el Emirates ya se vean sacando los billetes para la final. Si miramos los números fríamente, asustan. Tienen casi el doble de nuestro presupuesto y el valor de su plantilla nos pasa por la derecha sin intermitente. Mientras allí sacan la chequera, por el Metropolitano todavía recordamos con ironía el que Andrea Berta nos ha birlado el pasado verano a absolutamente todos los que pretendíamos (los soñados Gyokeres, Hincapié o Mosquera...).
A esa diferencia abismal en los despachos se le suma el verde. Juegan en casa, al amparo de su gente, y llegan lanzados. Fueron, de largo, el mejor equipo de la primera fase de esta Champions ganando todos sus partidos, y en las rondas del KO ni siquiera saben lo que es perder.
Por si el reto deportivo no fuera suficiente, el factor arbitral también tiene tela. Nos pita un colegiado con el que el Arsenal cuenta sus partidos por victorias, mientras que nosotros coleccionamos dos derrotas y un empate cuando él está en el campo. ¿Un detalle más? Es alemán. Justo ahora que España y Alemania se están partiendo la cara en el coeficiente UEFA por la quinta plaza de Champions. Casualidades de la vida. O causalidades dela UEFA.
Todo está en nuestra contra. Las casas de apuestas, los analistas y hasta la estadística nos dejan fuera. Pero si hay una afición y un equipo que saben desenvolverse en el alambre, somos nosotros. A soñar nadie nos gana y este partido, señores, hay que jugarlo en el césped de Londres. Que nos sigan dando por muertos, que nos encanta.
¿Y si sí...?