La necesaria salida de Griezmann
El Atlético de Madrid necesita cambiar de piel de una vez por todas. A pesar de haber cambiado a 16 jugadores con respecto a hace 2 temporadas para que la reconstrucción sea real y el equipo vuelva a morder, toca afrontar decisiones drásticas. Y la más difícil de todas, la que más nos encoge el corazón a los atléticos, es asumir que la salida de Antoine Griezmann es el paso correcto.
Hablar del francés son palabras mayores. Estamos ante una figura absoluta: 500 partidos, 212 goles y una jerarquía sobre el césped que eclipsa a cualquiera. 'Grizi' tiene un aura especial, tiene carisma y es imposible no mirarle a él cuando rueda el balón. Lo mejor es que le encanta esa presión y se la gana de manera natural cada fin de semana.
Griezmann nunca ha sido un futbolista caprichoso, ni la típica estrella apagada que lloriquea en el banquillo reclamando focos. Al contrario. Seguro que él mismo habría firmado dar un paso al lado para dejar brillar a los jóvenes, pero es que su sombra en el Atleti es tan alargada que, sin querer, lo opaca absolutamente todo.
Por eso, por pura supervivencia colectiva, es bueno que se vaya. A partir de ahora, nadie en el vestuario podrá esconderse detrás de lo que haga o deje de hacer el de Mâcon. Es el momento de que den un paso al frente otros futbolistas y nazcan nuevos liderazgos. No es la primera vez que nos pasa; las salidas en su día de mitos como Futre, Fernando Torres o el Kun Agüero fueron dolorosísimas, pero resultaron obligatorias para que el club rompiera su techo de cristal y alcanzase cotas más altas.
Esta segunda etapa se cierra sin tocar metal, es verdad. Pero los éxitos volverán pronto porque el club va por el camino correcto. Cuando le brindemos la próxima hojalata a Neptuno, las malas lenguas dirán que fue gracias a que Griezmann ya no estaba. Qué injusticia. Antoine nunca fue un gafe; simplemente era tan sumamente bueno que hacía que los demás parecieran diminutos a su lado.
Le deseo la mayor de las felicidades en su aventura americana. Ojalá regrese pronto al Metropolitano para ocupar el cargo institucional que merece. Buen viaje, Principito, y gracias por todo. Ahora toca ver quién recoge tu testigo.