Adulterar la competición

El palco del Bernabeu...
Se acusa al Atlético de Madrid de alterar el torneo por gestionar los esfuerzos de su plantilla, mientras el fútbol español mira hacia otro lado ante desigualdades televisivas, escándalos arbitrales y palcos VIP que parecen ministerios. Hablemos claro.

Últimamente, parece que a algunos les escuece que el Atlético de Madrid mire por sus propios intereses. Nos quieren vender la moto de que gestionar tu plantilla, dar oportunidades a la cantera y rotar en pos de tus objetivos deportivos es "adulterar la competición". Pero vamos a hablar claro de una vez, porque la memoria en el fútbol español es demasiado frágil y selectiva.

¿Queréis saber qué es adulterar la competición de verdad? Adulterar el fútbol es tener el reparto televisivo más desigual de las grandes ligas, permitiendo que dos equipos cobren el triple que la media. Es irte a jugar una Supercopa y que, por puro decreto, esos mismos dos se lleven tres veces más dinero fijo que el propio campeón del torneo si no son ellos.

Hablamos de adulterar cuando sufrimos un calendario teledirigido, cocinado a fuego lento para que el "partido del año" caiga en la fecha perfecta para el mercado mundial, o cuando un equipo disfruta de siete días para preparar una final y a su rival le dejan tres.

Adulterar la competición es validar fichajes con contratos de dudosa legalidad y que, cuando la justicia los echa para atrás, los jugadores firmados gracias a esos contratos sigan en el campo como si nada, o saber que siempre puedes recurrir a "papá Estado" para salvar los muebles. Adulterar es que en un mismo palco se sienten siempre los mismos ministros, mismos periodistas de bufanda y mismos grandes empresarios intocables, usando a sus medios afines para asfixiar y presionar a los rivales.

Y, por supuesto, adulterar es pagar durante años al vicepresidente de los árbitros por "informes" fantasma sin recibir ningún castigo deportivo, o que un colegiado se tatúe un escudo tras un arbitraje que te ha beneficiado descaradamente.

Así que no, señores. Cuidar a nuestros jugadores no es adulterar ninguna competición; es pura inteligencia deportiva. Las trampas de verdad hace mucho que están normalizadas, y no visten de rojiblanco.

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