El partido trampa: Por qué el Atleti no es favorito

Traernos un gran resultado de la ida y el invicto histórico de Simeone en casa en cruces europeos nos invita a soñar, pero cuidado. Nos enfrentamos a un club que nos triplica el presupuesto, goza de una innegable protección institucional y viene con un árbitro que no nos trae precisamente buenos recuerdos. Esta noche, toca apelar a la épica.

No nos engañemos ni nos dejemos llevar por la euforia. No os creáis ese cuento que nos intentan vender desde fuera de que ahora somos los grandes favoritos, porque, sinceramente, no lo somos.

Que sí, que de la ida nos hemos traído un resultado tremendo del Camp Nou y que los datos dicen que el Cholo Simeone jamás ha perdido una eliminatoria de Champions jugando al amparo de nuestra afición. Vale, las estadísticas y la ilusión están ahí, pero eso no nos cuelga el cartel de favoritos. Ni de lejos.

Pensemos fríamente contra quién jugamos. Nos medimos a un club que prácticamente nos triplica el presupuesto anual, que nos duplica el valor de plantilla en el mercado y que, para colmo, se gasta más de 100 millones de euros por encima de nosotros solo en pagar salarios. Las cosas como son: sobre el papel, son mejores. Mucho mejores. Es que te pones a hacer cuentas y resulta que solo cinco de sus jugadores ya valen más que todo nuestro vestuario al completo. Es una barbaridad.

Y si la brecha económica ya es un abismo, lo que pasa en los despachos es para echarle de comer aparte. Parecen tener a todos los organismos de su lado. Da exactamente igual lo que hagan sobre el alambre económico, cómo se salten a la torera el Fair Play Financiero, los contratos ficticios que de repente les computan o, lo más escandaloso de todo, que se hayan tirado 17 años pagando al vicepresidente de los árbitros. Al final de la historia, la moneda siempre les cae de cara. Les ayudan, les financian, les arropan mediáticamente y les apoyan sin tapujos. Por no hablar de la prensa. Que es otro tema que da risa. 

Por todo esto, nos va a tocar esperar otro milagro de los nuestros. El equipo va a tener que salir a dejarse la vida y remar contra viento y marea porque, a pesar de la ventaja que logramos en la ida, todo el escenario está preparado a favor de ellos. Hasta el árbitro que nos han asignado trae una mochila cargada de auténticas tropelías en nuestra contra.

Toca apretar los dientes y hacer del estadio una olla a presión.

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