El peligroso órdago de Julián Álvarez
Toca hablar, de forma inevitable, del futuro de Julián Álvarez. Se vaticina un verano intensamente movido en las oficinas del Metropolitano, y todo apunta a que el delantero argentino ha calculado bastante mal sus últimos movimientos. Cuando un futbolista realiza declaraciones de tanto impacto en los medios, la lógica invita a pensar que tiene guardado debajo del brazo un maletín repleto de millones para presentar una oferta formal. Sin embargo, la realidad del mercado rojiblanco es muy distinta.
Para plantearse un cambio de aires, cualquier propuesta tendría que superar con creces los 150 millones de euros, una cifra que el Atlético de Madrid ya ha rechazado con anterioridad por sus piezas clave. Aunque en los mentideros futbolísticos se empiece a especular con rebajas que oscilan entre los 110 y los 140 millones de euros, la entidad madrileña no tiene ninguna intención de entrar en ese juego de regateos. Sería una apuesta arriesgada pensar lo contrario, pero el club no dará el brazo a torcer tan fácilmente.
El enfado de la directiva encarece el precio
Lejos de abaratar su salida, las palabras del delantero solo consiguen encarecer su valor de mercado. En la zona noble del club, donde verdaderamente se maneja la sartén por el mango, la postura del jugador ha generado cierto malestar. A pesar del ruido mediático, el plan de la dirección deportiva se mantiene firme y sin alteraciones: el futbolista es una pieza diferencial, se cuenta con él para el proyecto, tiene un contrato de larga duración y no existe ningún motivo de peso para facilitar su marcha.
La encrucijada ahora se traslada directamente al tejado del internacional argentino. Las opciones sobre la mesa son binarias: o se presenta en las oficinas con una oferta histórica que permita reestructurar y mejorar la plantilla con garantías, o la opción de salir por una cantidad similar a su coste original queda completamente descartada.
La postura de Apolo y el valor institucional
La lógica empresarial de los inversores, con el fondo Apollo a la cabeza, refuerza esta posición inamovible. En esta operación coexisten dos activos fundamentales:
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El rendimiento del propio Julián Álvarez, que debe rentabilizarse sobre el césped.
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El valor institucional del propio Atlético de Madrid.
El club no puede permitirse una pérdida de prestigio internacional. Permitir la marcha de una de sus grandes estrellas por un montante inferior a su valor real devaluaría la marca de la entidad, algo que la propiedad no va a consentir bajo ningún concepto.
A falta de apenas diez días para que se abra oficialmente el mercado de fichajes, el escenario permanece totalmente abierto. No sería de extrañar que, en unas semanas, la situación se reconduzca con el futbolista pidiendo disculpas y corriendo como uno más en la clásica e intensa pretemporada de Los Ángeles de San Rafael.