Romper relaciones con tóxicos

Piña de los jugadores del Atlético | Fuente (@Atlético de Madrid)
El Real Madrid y el FC Barcelona han convertido el fútbol español en un coto privado cimentado en privilegios, condescendencia y un sistema diseñado a su medida. Ante la toxicidad de dos gigantes que presumen de valores mientras retuercen las normas, solo queda un camino digno: romper relaciones

En el mundo del fútbol de la Liga Española, el Real Madrid es el típico niño pijo de colegio privado religioso de toda la vida al que llevan en volandas hasta pagar por el titulín de turno de gestión de grandes empresas. Posteriormente, con la gente de su cortijo de élite, se monta su conglomerado de firmas en las que, entre sus amigos y él, manejan absolutamente todo el cotarro. Es un perfil que siempre se posiciona cerca de los políticos, que se aprovecha sistemáticamente de las subvenciones y que, si puede realizar corruptelas que les beneficien, pues mejor que mejor. Y todo protegido por una prensa que les blanquea fabricando un relato que obvia todo lo podrido. 

Por otro lado, el FC Barcelona es ese colega que tenías en primaria pero al que le han caído del cielo cuatro perras y entonces se ha hecho popular. De la noche a la mañana se convierte en ese típico bully que quiere con ansias todo lo que tiene el niño pijo del que hemos hablado antes; ansía entrar en esa élite repugnante y, al mismo tiempo, te desprecia y te trata con una absoluta condescendencia. Un nuevo rico de toda la vida que encima cuando no puede pagar algo intenta devaluarlo para abaratarlo mediante estrategias comunicativas con medios afines. 

Ambos casos son gente que se creen por encima del resto, gente que te desprecia y al mismo tiempo se burla de que no eres capaz de competir contra ellos.

Se les olvida decir siempre que están inmersos en un sistema en el que han conseguido que sea casi imposible competir contra ellos, porque son precisamente los que han montado las normas para que nadie más pueda hacerlo. Además, se permiten juzgar tu sistema de juego, obvian sus continuas trampas y al mismo tiempo ensalzan su supuesta grandeza y valores, cuando todo lo que han conseguido ha sido mediante artimañas, trampas, árbitros comprados y corruptelas institucionales.

Hay que romper relaciones con esa clase de gente. Hay que demostrar que no eres como ellos, hay que cerrarle definitivamente la puerta a esa escoria y no permitir que se olvide que son los auténticos tramposos, los que se benefician de los recovecos del sistema, los corruptos a los que las instituciones protegen y benefician, y los que consiguen nuevas leyes y normas diseñadas siempre para su propio amparo.

Gente tóxica, instituciones tóxicas de las que hay que alejarse. Siempre. No somos como ellos y no queremos serlo. Y es precisamente eso lo que jamás podrán entender.

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