Trampas, ruidos y mentiras: El manual culé para intentar desestabilizar al Atleti

Julián volvió a ver puerta. | Fuente: (@julianalvarez)
Tras el baño del Metropolitano, el Barça activa el ventilador del fango: quejas arbitrales cínicas para tapar el 4-0 y rumores falsos sobre Julián Álvarez. Entre el "caso Negreira" e inscripciones dudosas, el club azulgrana intenta desestabilizar lo que no puede ganar en el campo. 

Toda esta basura ya cansa. Y mucho. Hay derrotas que duelen por el resultado y otras que, sencillamente, no se saben digerir. Lo vivido tras el 4-0 en el Metropolitano ha activado en el FC Barcelona —el "Trampes" para quienes ya no compran el relato oficial— la maquinaria más antigua del fútbol: la del fango. Cuando el fútbol no te da para frenar a un vendaval rojiblanco, siempre queda el recurso de meter ruido, señalar al silbato y, de paso, intentar tocarle las narices al rival con su estrella.

Resulta atónico escuchar a Joan Laporta, a Hansi Flick y a su guardia pretoriana de periodistas afines clamar por una "persecución arbitral". Hablan de un partido "condicionado" cuando la realidad es que el baño táctico y físico del Atleti fue de época. Si hubo un error en ese arbitraje impecable fue, precisamente, perdonarle la vida a Marc Casadó. El canterano culé estuvo pidiendo la expulsión a gritos durante toda la primera parte hasta que Flick, en un alarde de realismo para evitar el desastre total, corrió a cambiarlo antes de que el árbitro no tuviera más remedio que mandarlo a la ducha. De eso, curiosamente, no se habla en Barcelona.

Pero la estrategia no acaba en el Comité de Árbitros. La nueva entrega del manual de desestabilización tiene nombre y apellido: Julián Álvarez. Como si de un juego de cromos se tratara, desde la Ciudad Condal lanzan globos sonda sobre ofertas inexistentes e intenciones de "La Araña" de abandonar el Metropolitano. Para esto utilizan a sus amigos del Chirincirco, de la prensa afín y de pseudoinfluencers latinos del fútbol para soltar sandeces con el objetivo de desestabilizar al club rojiblanco, a su estrella y a los aficionados. Todo esto es más viejo que la rueda.  

Afortunadamente, el periodismo con memoria —con figuras como Rubén Uría a la cabeza— ya ha puesto los puntos sobre las íes: el Atlético de Madrid no solo ha rechazado ofertas que rozan los 120 millones de euros (como la del Arsenal), sino que Julián está más cerca de una mejora y blindaje que de cualquier mudanza. El argentino es el pilar del nuevo proyecto y no se va a mover por mucho ruido que intenten generar desde un club que, a día de hoy, tiene más deudas que certezas.

La sombra de Negreira y el "equilibrio" financiero

Es difícil tomar en serio las quejas arbitrales de una institución que sigue bajo la sombra del Caso Negreira. Resulta paradójico, por no decir cínico, que quienes pagaron durante años al vicepresidente del estamento arbitral pretendan ahora dar lecciones de integridad o denunciar agravios. Curiosamente es su etapa más gloriosa deportivamente hablando. 

Más allá de los juzgados, el privilegio parece haberse trasladado a los despachos de LaLiga. Mientras otros clubes hacen encaje de bolillos para cumplir el límite salarial, asistimos con perplejidad a lo que muchos consideran inscripciones fraudulentas bajo palancas que nunca terminan de cobrarse o interpretaciones del reglamento hechas a medida. Que un club con semejante historial y situación financiera pretenda desestabilizar a un rival saneado como el Atlético de Madrid es, cuanto menos, una huida hacia adelante.

Menos fango, menos ruido y más fútbol. Porque en el verde, el 4-0 sigue pesando como una losa que ningún comunicado contra los árbitros podrá levantar.

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