Koke, tu despedida en el Metropolitano todavía debe esperar

Koke mira a su futuro en el Atlético | Fuente (@Atleti)
La emotiva salida de Antoine Griezmann nos encogió el corazón a todos los atléticos, pero ver las lágrimas de Koke Resurrección nos activó una alarma inevitable. El capitán tiene 34 años, su contrato se revisa año a año y el runrún sobre su futuro ya sobrevuela el Metropolitano

Ver marchar a Antoine Griezmann dolió en el alma. Verlo despedirse del Metropolitano nos dejó un nudo en la garganta, pero lo que realmente me rompió por dentro fue mirar a Koke. Nuestro capitán, con los ojos vidriosos, reviviendo el fantasma de tantas despedidas. Ya le tocó abrazar y decir adiós a Gabi, a Raúl García, al Niño Torres... y ahora a su gran socio.

Koke define su futuro | Fuente (@Atleti)

Sin embargo, admitámoslo, mientras Koke hablaba, a todos los colchoneros se nos pasó la misma pregunta terrorífica por la cabeza: ¿qué pasará el día que le toque a él?. La sombra de la duda es real. Tras la dura eliminatoria frente al Arsenal, el propio Koke dejó su futuro en el aire, sin asegurar nada. Y a mí, sinceramente, se me congeló la sonrisa. Sobre todo porque, si miramos el rendimiento puro y duro de esta temporada, el capitán está firmando un año más que notable.

Un capitán para rato

Muchos agoreros pensaban que este curso Koke daría un paso al lado. Con la consagración de Pablo Barrios, la marcha de Rodrigo de Paul y la llegada de Johnny Cardoso, todo apuntaba a que asumiría un rol secundario. Pero la realidad ha vuelto a retratar a los críticos.

El '6' se ha metido entre pecho y espalda más de 3.500 minutos en 55 partidos, aportando además dos goles y tres asistencias. ¿Secundario? Para nada. Sigue siendo el motor. En enero cumplirá 35 años, sí, pero el físico y el fútbol le siguen dando la razón.

Su situación contractual ya la conocemos: se decide año a año, de la mano de la dirección deportiva. Es un pacto entre caballeros que de momento funciona. Además, mientras el Cholo Simeone siga en el banquillo, Koke tiene a su mayor valedor. Desde aquel lejano 2011, Diego Pablo le dio los galones y lo convirtió en la leyenda que es hoy.

No concibo un Atlético a corto plazo sin Koke. Su liderazgo en el vestuario es incalculable y, como aficionado, me niego a aceptar que su última foto de rojiblanco no sea levantando una copa en Neptuno. Hay cuerda para rato, capitán.

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