Koke, aún nos queda un último baile
Tras más de 700 batallas y una vida entera defendiendo el escudo, el futuro de Koke Resurrección vuelve a ser una incógnita que hiela la sangre al Metropolitano. Sus palabras tras la derrota ante el Arsenal han encendido todas las alarmas: ¿Estamos ante el final de la historia de amor más pura del fútbol moderno?
A veces se nos olvida que el fútbol, antes de ser este negocio frío de contratos millonarios y cláusulas de rescisión, era una cuestión de sentimientos. En un deporte donde los jugadores cambian de camiseta como quien cambia de móvil, lo de Koke y el Atlético de Madrid es una anomalía preciosa. Por eso, os confieso que se me hizo un nudo en la garganta al escucharle después de caer ante el Arsenal. Ese tono dubitativo, esa falta de contundencia al hablar de la próxima temporada... duele.
El club ha sido claro: la pelota está en el tejado de Koke. Le han dado las llaves de su destino, algo que se ha ganado con creces tras superar la barrera de los 700 partidos oficiales. No estamos hablando de un futbolista más; hablamos del hombre que personifica el resistir del Cholo Simeone.
El relevo que nunca llega (porque es imposible)
Llevamos años escuchando que Koke necesita un relevo, que el físico ya no le da, que su rol debe ser secundario. Y sin embargo, aquí estamos otra vez. Esta temporada, cuando las lesiones apretaron y el centro del campo amenazaba con hundirse, el capitán volvió a dar un paso al frente. Ha demostrado que, incluso cuando las piernas pesan, su cerebro va dos marchas por delante del resto.
Es cierto que la dirección deportiva busca sangre nueva, pero sustituir a Koke no es buscar a alguien que dé buenos pases. Es buscar a alguien que sienta el club en las venas. Y eso, amigos, no se compra en el mercado de fichajes. Además, con su mujer, Beatriz Espejel, ya integrada en la Fundación del club, el arraigo de la familia Resurrección con el Atleti es total. Es una unión que trasciende el césped.
El final que este guion merece
Me niego a aceptar que el final de Koke sea una despedida amarga tras una derrota europea. Una leyenda de su calibre merece salir como lo hicieron Gabi o Fernando Torres: levantando un trofeo al cielo, con Neptuno rendido a sus pies y la satisfacción del deber cumplido. Verle colgar las botas sin una última gran alegría sería una injusticia poética.
Simeone le quiere, la grada le necesita y el fútbol le debe una. El futuro es incierto, sí, pero una historia que empezó hace tantos años en la cantera solo puede terminar con el mejor desenlace posible. Porque si Koke se va, se irá una parte de nosotros.