La estrellas del Atlético se apagan en la gran noche de Copa
El Atlético de Madrid regresaba a una final de Copa del Rey tras 13 años, y lo hacía para medirse a la Real Sociedad en Sevilla. Los rojiblancos llegaban al duelo tras una exigente eliminatoria europea en la que lograrían dejar fuera al Barça. Sin embargo, todo empezó con problemas desde que los donostiarras se pusieron por delante en el marcador en solamente 16 segundos.
Realmente, ha sido una final en la que las ocasiones han brillado por su ausencia, premiándose la contundencia en ambas áreas. Ese ha sido uno de los problemas del conjunto colchonero durante esta campaña, una piedra recurrente en el camino. Simeone no ha podido cortar la racha de cinco años sin títulos, aunque todavía tiene en el aire el premio mayor de la temporada.
Nadie brilla sobre el césped
Son las finales los partidos en los que se espera que los futbolistas importantes den un paso adelante, el escenario donde mostrar su verdadero nivel. Eso era lo que se esperaba de hombres como Julián Álvarez, Griezmann o alguno de los flamantes fichajes veraniegos. Sin embargo, igual que en otras ocasiones, el más destacado fue un Lookman que puso momentáneamente el empate tras un gran tanto. Fue el momento de mejor fútbol de los rojiblancos en los 90 minutos, aunque esa avalancha duraría poco.
Tras la igualada, los focos comenzaron a apuntar a otros compañeros, a los que se les presupone que deben ser diferenciales en los momentos clave. Fue seguramente uno de los duelos más complicados para Julián, que daba la sensación de no estar cómodo sobre el césped. El ex del City, igual que muchos otros aliados, buscó el título con más ganas que argumentos futbolísticos. Prácticamente no se cuentan acciones de peligro por parte de ninguno de los equipos, aunque la Real supo aprovechar mejor los errores rivales. Tampoco fue el homenaje que habría esperado un Antoine Griezmann que espera no haber disputado su última final con el Atlético.
Un chispazo para ilusionar
La ventaja de los delanteros, con respecto a otras posiciones, es que un gol es capaz de cambiarlo prácticamente todo. Como se ha dicho, Julián no estaba brillando, pero un golazo de falta a falta de 10 minutos para el final fue suficiente para devolver la esperanza. La colocó casi en la escuadra cuando parecía que nadie iba a ser capaz de encontrar un espacio en la defensa realista.
Pudo haberse ganado antes de la prórroga, pero esa falta de eficacia siguió latente, extendiéndose en los 30 minutos adicionales. Desde el bando vasco firmaban la tanda de penaltis tras apostar la final a sostener el 1-2 que lograron antes del descanso. Es, sin duda, un duro golpe para el vestuario y los aficionados rojiblancos, aunque en el horizonte todavía queda un último reto por pelear: las semifinales de la Champions League.