El VAR vuelve a salvar al colegiado ante su error en contra del Atletico de Madrid
El ambiente en el feudo colchonero era el de las grandes citas, con el césped del Riyadh Air Metropolitano. Clement Turpin, un árbitro cuya presencia siempre despierta suspicacias en la afición por precedentes históricos, dirigía un choque que se había complicado tras los goles de Lamine Yamal y Ferran Torres.
Sin embargo, la entrada de oxígeno fresco desde el banquillo cambió la dinámica.
La intervención providencial de la tecnología
Corría el minuto 80 cuando estalló la controversia. En una acción vertiginosa, Alexander Sorloth —recién ingresado al tapete verde— se disponía a encarar la meta rival cuando fue derribado por Eric García.
En primera instancia, el silbato de Turpin señaló un fuera de juego que invalidaba la falta, provocando la indignación en la parroquia del Metropolitano. No obstante, la revisión meticulosa de las imágenes confirmó que la posición del delantero era reglamentaria. Al corregirse la infracción, la consecuencia fue inevitable: amonestación y tarjeta roja directa para el zaguero catalán por interrumpir una ocasión manifiesta de gol.
La revisión que cambió el guion
Desde las oficinas del Metropolitano y la planta noble se contenía la respiración mientras el colegiado escuchaba las indicaciones por el pinganillo. La repetición no dejaba lugar a dudas: Sorloth arrancó en posición legal, lo que convertía la falta de Eric García en una interrupción de una ocasión manifiesta de gol.
Tras la rectificación, Turpin se vio obligado a mostrar la tarjeta roja directa al central barcelonista. Los pupilos de Simeone, espoleados por la justicia del VAR, supieron gestionar la superioridad numérica en los instantes finales.
Resistencia y el peso del escudo
Con Eric García fuera de combate, el cuadro colchonero se centró en blindar su ventaja. La dirección deportiva observaba cómo la intensidad del juego no decrecía, cumpliendo la máxima de que en estos partidos "se sufre más viéndolo desde fuera que desde dentro".
El sentimiento de la entidad quedó plasmado en la resistencia final de un equipo que se negó a conceder espacios ante un Barça que, incluso con diez, seguía siendo peligroso. Al final, la roja certificada por la tecnología fue el bálsamo necesario para que el Atlético de Madrid protegiera su escudo y sellara una clasificación sufrida pero merecida en su coliseo.