La temporada más difícil de Simeone

Mañana no es un día cualquiera. El Atlético de Madrid se juega volver a una final de Champions diez años después de Milán y, aunque parezca una locura, creo que estamos ante el milagro más difícil de Diego Pablo Simeone. Entre críticas, caras nuevas y un ambiente que por momentos fue irrespirable, el Cholo ha vuelto a tapar bocas plantándonos en las puertas de Budapest.
Los de Simeone se muestran en el mundial | Fuente: Instagram @atleticodemadrid
Simeone en un entrenamiento | Fuente: Instagram @atleticodemadrid

Si echo la vista atrás, me doy cuenta de que he vivido casi más tiempo con el Cholo en el banquillo que sin él. Para los que no peinamos canas (pero estamos en ello), lo de mañana no es una semifinal más. Es, posiblemente, la que más valor tiene de las cuatro que hemos disputado desde 2014. Y os explico por qué, porque la memoria a veces nos juega malas pasadas.

Los rojiblancos ya conquistaron Londres en 2013 | Fuente: @Atleti
Los rojiblancos ya conquistaron Londres en 2013 | Fuente: @Atleti

En la 2013-14, la primera, teníamos probablemente la mejor plantilla de nuestra historia. Era un rodillo. En la 2015-16, aquella que nos dolió en el alma por el gol de Ramos en fuera de juego, el equipo era una roca que rozó los 90 puntos en Liga sin despeinarse. En esos años, las tres patas del banco, jugadores, cuerpo técnico y afición, estaban en una simbiosis perfecta. Éramos invencibles porque todos remábamos a una.

Sin embargo, lo de este año tiene un sabor distinto. Venimos de un barro mucho más denso. El escenario al que se ha enfrentado Simeone estos meses no tiene nada que ver con el de aquel Calderón que asustaba a Europa.

Contra el ruido y contra la lógica

Este verano llegaron muchas caras nuevas y encajar esas piezas en el manual cholista no es algo que se haga de la noche a mañana. Recuerdo perfectamente octubre: palos por todos lados, tropiezos inesperados y mucha gente diciendo que estábamos fuera de todo antes de comer el turrón. El ambiente se volvió tóxico y, siendo sinceros, muchos dudaron del de arriba.

Pero Simeone, en un ejercicio de fe absoluta, apostó al "todo o nada". Se la jugó. Y aquí estamos: tras pelear la Copa del Rey, estamos a solo 90 minutos de Budapest. Hacía una década, desde aquel año 2017, que no sentía que el equipo aguantaba el pulso en Champions hasta el suspiro final. Otros años siempre sacrificábamos algo por el camino, pero esta vez, con errores individuales de bulto y una reconstrucción en marcha, el equipo ha dado la cara.

Mañana el césped decidirá si somos nosotros o el Arsenal quienes viajamos a Hungría. Pero, pase lo que pase, que nadie olvide de dónde venimos este año. Para mí, esta carrera de fondo ha sido la más épica de Simeone

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